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Denunció que otro estudiante abusó de su hijo en una escuela de Villa Mercedes

La victima tiene 8 años y el otro chico tiene 13, asisten al establecimiento 147 “Provincia de Mendoza”. El nene contó que los manoseos sucedieron en marzo.

El hijo más chico de L. era hasta el primer día de clases un niño extrovertido, describió la mujer. Salía de su casa a jugar y volvía con las rodillas raspadas de tanto corretear. No le gustaba perderse ni un día de entrenamiento en el club de fútbol al que iba. Pero cuando terminó la primera semana de escuela él ya no hacía nada de eso. Tenía un secreto. Uno del que se avergonzaba. Quizás pensó que si no se lo comentaba a nadie su secreto estaba a salvo, y él también. Pero su madre no necesitó palabras para saber que algo no estaba bien con la criatura. Los hechos le bastaron para darse cuenta. Se orinaba en la cama, le pedía si podía dormir con ella y no quería salir de su dormitorio. Hace unos días, cuando le preguntó qué le sucedía, por qué estaba tan triste y callado últimamente, L. halló la respuesta con la que hasta hoy tienen que luchar ella y su hijo: el nene de 8 años le contó que un compañero de la escuela, cinco años mayor, lo manoseó.

No se lo dijo así, en primera persona. El chiquito le hablaba de que el que había sufrido esos abusos era otro chico que se llamaba igual que él, pero que era más grande o mayor. Pero la psicóloga que lo trata desde entonces le confirmó a L. sus miedos, su hijo, en realidad, hablaba de sí mismo cuando se refería a ese otro que había sido abusado.

Los manoseos se dieron en la escuela 147 “Provincia de Mendoza”, del barrio Villa Celestina, donde asiste desde jardín de infantes, dijo la madre. “El chico que tocó a mi nene tiene 13 años y es compañero suyo”, contó. Ambos cursan tercer grado, pero éste es el primer año que son compañeros de curso, aclaró. “Mi hijo siempre fue a esa escuela a la mañana y el otro iba a la tarde, pero este año se cambió de turno”, comentó.

La mujer no puede decir con seguridad si se trató de uno o varios abusos. Sólo sabe que ocurrieron en el baño y en horario de clases. La criatura le contó a su madre que su compañero lo hacía atravesar el salón para ir hasta el sanitario y, una vez ahí, le ordenaba que se bajara el pantalón. En una oportunidad, -le contó-, como el nene no quería otra vez quedarse a solas con él, el otro lo llevó tomado del cuello.

Apenas se enteró de eso, L. le buscó a su hijo un psicólogo y denunció los abusos en la Comisaría del Menor y en el juzgado de Familia y Menores 2. Pero siente que nada de eso ha sido de utilidad. Dijo que el viernes, por orden judicial, una asistente social fue hasta su casa del barrio Eva Perón II y revisó las condiciones en la que vive la familia.

“(La asistente) vino y me dijo que también era posible que los abusos se hayan dado dentro de la casa, porque mis nenes varones duermen en una cama”, contó. “Sé que eso no es así, porque una psicóloga está viendo a mi hijo una vez por semana y él le cuenta que estas cosas pasaron en la escuela y en hora de clases”, aclaró.

L. también habló con Gladys Cuello, la directora de la escuela, y las docentes. Les contó lo que le había dicho el chiquito y ellas le respondieron que eso no pudo suceder, porque al alumno que su hijo señalaba, en particular, lo tienen “vigilado con veinte ojos”. “¿Por qué lo vigilan así? Si lo controlan así, por algo es. Pero ninguna me contestó por qué”, comentó.

Ayer, este medio intentó hablar con Cuello, pero la directora se excusó diciendo que sólo podría hacerlo cuando el Ministerio de Educación la autorizara.

Desde que el niño le confió eso a su madre, no asiste a clases. Está con certificado médico. “No quiero que vuelva a ir a esa escuela. Por eso anduve de acá para allá para ver si podía conseguir banco en alguna otra. Fui hasta la escuela del barrio y no hallé nada”, contó. Ayer, a la mañana, L. se acercó al complejo Molino Fénix, donde el Ministerio de Educación lleva adelante charlas sobre bullying, y habló con un empleado ministerial. “Él se comunicó con otra escuela y me consiguió lugar para mi nene”, rescató.

Pero la mujer no se conforma con eso. Quiere que sus otros hijos, de 13 y 15 años, también dejen de asistir a la escuela 147. “No sé si lo mejor es que echen a ese alumno, pero sí tienen que hacer algo, porque esto no puede quedar en la nada. No quiero que mi hijo crezca con la idea de que lo que le pasó es normal, porque no es así”, remarcó.

 

Fuente: Diario de la República


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